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El tiempo en
las diferentes culturas
Antonio Dubravcic Luksic
Editor Revista del
Instituto Médico "Sucre" (Bolivia)
E.Mail: dubra@mara.scr.entelnet.bo
Para referirnos
al tiempo, consideramos oportuno remitirnos a la Biblia, que trata
del hombre sencillamente como tal sin recurrir a adjetivos de
ninguna naturaleza. "El Libro de los Libros", dice David
Ben Gurión, comienza con la historia del primer hombre, que no era
más que eso: sencillamente hombre.
De esa manera, la Biblia puede considerarse como la tradición y la
historia del planeta Tierra y de la humanidad que lo habita.
Eclesiastés 2.3, nos relata de que en este mundo todo tiene su
tiempo y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se
ha prescrito.
Un tiempo para nacer y un tiempo para morir, Un tiempo para plantar
y un tiempo para arrancar lo plantado. Un tiempo para destruir, y un
tiempo para construir. Un tiempo para el amor, y un tiempo para el
odio. Un momento para callar, y un momento para hablar.
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A través de la historia, el hombre ha buscado una definición del
tiempo, ha tratado de responder algunas preguntas: ¿existe en
realidad?. ¿Cuál es su forma?. ¿Es constante y eterno, o bien,
cambiante y efímero?. Platón en sus diálogos dice que el tiempo
es la imagen de la Eternidad, el tiempo es tanto una idea abstracta,
como una realidad de la vida.
El hombre primitivo, consideraba la vida como el Gran Tiempo, un
instante eterno, en el cuál coexisten el pasado, el presente y
futuro. Para el hombre primitivo, el tiempo era una sucesión
confusa de días y noches, no obstante de ello, advertía la
existencia de fenómenos de carácter cíclico... la luna cambiaba
su forma... el sol y la luna, establecieron con sus movimientos
aparentes, puntos de referencia para medir el tiempo.
Uno de los primeros instrumentos utilizados en la antigüedad fue el
gnomon, una varilla clavada en el piso, cuyos cambios en su sombra
determinaba el desplazamiento del sol en su ciclo diario. Es
imposible determinar cuando se descubrió que el movimiento aparente
del sol se ajustaba a un ciclo temporal, desde luego que este fue el
primer hallazgo científico del hombre.
En este descubrimiento emplearon un punto de observación; tras
comprobar que el sol no salía siempre por el mismo punto, fueron
señalando por medio de estacas, la salida diaria del sol, al cabo
de un tiempo, las estacas demostraron que después de 365 marcas, el
sol volvía a salir por el mismo punto, ello dio origen al período
de un año de 365 días. Algo similar a lo mencionado, es el
monumento megalítico de Stonehenge (al sur de Inglaterra), que
constituye el mayor calendario del mundo, fue construido
aproximadamente 2.500 años antes de nuestra Era.
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El desarrollo de la
civilización motivó la adopción de unidades regulares para medir
el tiempo. En Egipto, cuatro milenios antes de Cristo se conocía el
año solar de 365 días, con 12 meses de 30 días y 5
complementarios.
El inicio del año estaba determinado por la primera aparición en
el amanecer de la estrella Sirius, este acontecimiento coincidía
ordinariamente con la crecida del río Nilo. Babilonia, 500 años a
de C. el astrónomo Naburiano, calculó la duración de un año en
trescientos sesenta y cinco días, seis horas y quince minutos. De
Babilonia hemos heredado la semana de siete días, la hora de
sesenta minutos, y el minuto de sesenta segundos, desde luego
tenían formas ingeniosas para realizar esos cálculos, convirtiendo
la sombra de las estacas en grados, minutos y segundos de ángulo, y
también utilizando Clepsidras (relojes de agua), graduando el
orificio de tal forma que gotease determinado número de gotas por
día.
Los griegos, establecieron el año 776 a. de C. un calendario luni-solar
que contaba con 12 meses de 29 y 30 días alternativamente. El
filósofo griego Heráclito, afirmaba que toda la existencia
constituye un flujo en movimiento y decía: " No puedes
bañarte dos veces en el mismo río, pues las aguas que fluyen sobre
ti son siempre nuevas". El tiempo es representado como un río,
donde todo se halla sometido a un proceso de cambio en el instante
en que es percibido.
En
Roma el año luni-solar, constaba de 10 meses lunares, los meses
estaban dedicados a sus dioses: así Enero a Janus, el dios de dos
caras, una mira hacia el futuro y la otra hacia el pasado. Febrero a
Febo, el dios sol, Marzo a Marte, dios de la guerra, Abril por el
comienzo de la primavera. El origen de Mayo es incierto,
posiblemente deriva de Maia diosa de la primavera, Junio por el dios
Juno, dedicado a los jóvenes. Septiembre, Octubre, Noviembre y
Diciembre, como indican sus raíces, correspondían al séptimo,
octavo, noveno y décimo mes.
En el antiguo calendario romano al séptimo mes se denomino Julio en
honor a Julio Cesar. En el año 45 a. de C. Julio Cesar, decidió
corregir los errores del antiguo calendario romano y encargo al
astrónomo egipcio Sosigenes de Alejandría, la confección de un
nuevo calendario introduciendo un día más cada cuatro años (año
bisiesto), los meses de abril, junio, septiembre y noviembre
tendrían 30 días.
Enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre con 31 días
y febrero con 28 días, cada cuatro años, se duplicaría el 24, al
que se conocía como el "Sextus calendas martias" (que
significa sexto día antes de marzo). El calendario judío es de
tipo luni-solar, según Samuel, tiene su origen en la creación del
mundo, corresponde al año 3761 antes de Cristo, comienza con la
conmemoración de la salida de Egipto.
Actualmente el calendario judío corresponde al año 5760. Para
calcular a que año corresponde al calendario judío, se suma 3761 +
el año civil en curso. Los 7 días de la Creación marcan la unidad
básica del calendario hebreo, que culmina con el Shabat, los días
comienzan con la puesta del sol y terminan al anochecer siguiente.
El calendario Musulmán, tiene su origen en Hégira, lo que
significa la huida de Mahoma de la Meca a Medina en el año 622 de
la era Cristiana, consta de 12 meses lunares de 29 y días
alternativamente. La palabra Almanaque deriva del árabe Al-amanach
o "circulo de los meses" o calendario.
En China el conocimiento de la astronomía se remonta al siglo IX a.
de C. lamentablemente en el año 230 a. de nuestra Era, un emperador
destruyó los textos antiguos, en los pocos textos que se salvaron,
aparecen descripciones como el Solsticio de Invierno. El calendario
era lunar y el año se hallaba dividido en 12 partes, comenzaba el
día del Solsticio de Invierno.
Los Mayas en el tercer milenio a.C., tuvieron un desarrollo
astronómico polifacético, muchas de sus observaciones han llegado
hasta nuestros días, por ejemplo un eclipse lunar del 15 de febrero
de 3379 a.C.. Conocían con exactitud la posición de los planetas,
y la periodicidad de los eclipses. El Calendario Maya comienza con
el día cero, que de acuerdo al cómputo del tiempo correspondería
al 8 de junio de 8498. El año maya comprendía 365 días.
Los Aztecas tenían dos calendarios, uno de ellos determinaba sus
ceremonias religiosas. El más importante, llamado Tonalpohualli,
que ha sido encontrado tallado en una gran piedra, que se conserva
en el Museo Nacional de México. Consiste en la unión de una serie
de veinte signos, con otra serie de 13 números, la combinación de
ambas series proporciona 260 días.
planetas con admirable exactitud, las anotaciones en los quipus
(cordeles con nudos) marcaban los días del calendario, que
consistía en un año solar de 365 días.
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El Papa Gregorio XIII
introdujo el calendario que lleva su nombre, reunió a los mejores
astrónomos de la época, los cuales establecieron que en el
Calendario Juliano, se presentaba un desfase de 11 días, el
equinoccio de primavera caía el 11 de marzo en lugar del 21 de
marzo y la Iglesia Católica enfrentaba una creciente confusión
para determinar fechas como la Semana Santa.
Eventualmente como resultado del Concilio de Trento (1545-1563) se
encomendó al Papa hacer las reformas necesarias al calendario, en
el mes de octubre de 1582 el Papa Gregorio XIII literalmente
descontó diez días con el fin de restaurar el equinoccio de
primavera a la fecha correspondiente. Al abolir 10 días, del jueves
4 de octubre que correspondía al Calendario Juliano se paso al día
siguiente viernes 15 de octubre, dando origen al primer día del
Calendario Gregoriano.
Este cambio, suscitó algunas curiosidades, por ejemplo los dos
exponentes más importantes de la Literatura Castellana e Inglesa:
Don Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare murieron en
la misma fecha. pero con diez días de diferencia (Inglaterra no
adopto del Calendario Gregoriano hasta el año de 1752. Santa Teresa
de Jesús murió el 4 de octubre de 1582, le dieron sepultura al
día siguiente el 15 de octubre de 1582. El Calendario Gregoriano,
que es el que utilizamos actualmente, tiene un error de un día cada
3.000 años.
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Sir Isaac Newton,
concibió una teoría, según la cual tanto el espacio como el
tiempo constituían propiedades absolutas, equivalentes a centros
nuevos para universos constantes; la teoría de Newton sobre el
tiempo y espacio absolutos, fue aceptada sin discusiones, sin ser
puesta en tela de juicio durante 200 años; le correspondió a
Albert Einstein contravenir esa teoría, enunciando que el espacio
se contrae con la velocidad y que debido al mismo efecto, el tiempo
se hace más lento; el tiempo y el espacio constituyen dos elementos
de un universo con cuatro dimensiones.
Los conceptos planteados por Einstein en la teoría de la
relatividad, constituyen la base del desarrollo de la era espacial,
el día que los cohetes alcancen la velocidad de la luz, las
limitaciones temporales del universo quedarán anuladas, de esa
manera se establecerá que un viaje a la estrella Sirio de 18 años,
podrá efectuarse en un día. Con el desarrollo de la tecnología,
se descubrió que un cristal de cuarzo vibra con una frecuencia de
16.000 a 30.000 ciclos por segundo; en 1948 se construyó el primer
reloj atómico, con un margen de error de diez mil millonésima de
segundo, lo que equivale un error de un segundo cada 300
años.
Los científicos alemanes han construido un Superreloj CS1, de cesio, con un peso de una
tonelada, durante un año de funcionamiento, ha permitido calcular que tiene un error de un
segundo cada treinta millones de años. Su funcionamiento se halla
relacionado con la Escala Coordinada del Tiempo Mundial, su
sincronización perfecta en el ámbito internacional, es
indispensable para las redes de noticias, mediciones de la tierra
efectuadas a gran distancia para todo tipo de orientación tanto en
la aviación como en la navegación.
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En la literatura el
concepto del tiempo ha sido motivo de permanente especulación.
Dante, imagina emprender un viaje por los fantásticos ambientes que
se ofrecen para el alma humana, lejos de la vida terrenal, citando
pasajes anteriores a su vida y profetizando acontecimientos como el
descubrimiento de nuevas tierras en occidente. Goethe, describe a
Fausto vendiendo su alma a Mefistófeles a cambio de revivir su
pasado.
Así
podríamos mencionar innumerables obras de la literatura mundial que
tienen como argumento fundamental el tiempo y el espacio: Julio
Verne en "20.000 leguas de viaje submarino". H.G. Wells en
su obra "La máquina del tiempo", que cautivo la
imaginación con el lanzamiento de su viajero en el tiempo. Jorge
Luis Borges, vivió fascinado con el concepto del tiempo.
Borges define: "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho,
el tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; él es el
tigre que me destroza, pero yo soy el tigre. Es un fuego que me
consume, pero yo soy el fuego". Borges resume el concepto del
tiempo en un solo momento "el momento en que el hombre sabe
para siempre quién es".
Desde el punto de
vista biológico, todos los ritmos naturales que afectan la vida del
hombre, se hallan regulados por el tiempo.
La duración del hombre, al igual que su estatura, varía según la
unidad que se utiliza para medirla, la vida del hombre se mide
valiéndose los movimientos de las agujas del reloj. Para el reloj
que mide el día de un niño, es igual al de sus padres, pero en
realidad esas 24 horas representan una fracción muy pequeña en la
futura vida del niño, y una fracción muy grande en la vida de sus
padres, de esa manera el valor del tiempo físico varía según
miremos el pasado o el futuro. Al describir un tiempo físico,
necesariamente debemos referirnos a un tiempo fisiológico. Este se
halla presente en todos los niveles fisiológicos del universo, ya
sea en el soma de una célula o en el mismo hombre.
El tiempo fisiológico depende de las modificaciones del medio y la
respuesta de los seres a esas modificaciones.
El tiempo fisiológico difiere del tiempo físico, por que no tiene la
precisión de un reloj. La relación que existe entre el tiempo
físico y el fisiológico es comparado por Alexis Carrel "Como
un ancho río que corre por la llanura. En los albores de la vida,
el hombre corre alegremente a lo largo de la orilla, va más deprisa
que la corriente. Hacia el medio día su marcha disminuye, las aguas
se deslizan con tanta rapidez como su paso. Al anochecer, el hombre
está fatigado, la corriente continúa con su flujo.
El hombre se queda atrás, luego se detiene y cae para siempre, el
río sigue su curso inexorable". En realidad, el río nunca ha
acelerado su marcha, sólo se tiene esa ilusión al retardo
progresivo de nuestro paso. Cada uno de nosotros es el hombre que
corre a lo largo de la orilla del río y ve pasar las aguas del
tiempo físico. Sucre, enero del 2000.
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