Autor:
Dr. Christian Leyva de la Torre
Profesor de Medicina Interna y Farmacoepidemiólogo
Recientemente tuve la oportunidad, como parte de mi trabajo como farmacoepidemiólogo, de visitar varios hospitales en la ciudad de La Habana.
El recorrido incluyó desde hospitales clínico-quirúrgicos hasta hospitales pediátricos, maternidades, e incluso hospitales especializados como ortopédicos, oftalmológicos, psiquiátricos y de rehabilitación física. Curiosamente en todos los casos encontré un problema similar: evidente subregistro en el reporte de reacciones adversas a fármacos. En algunos casos no existía siquiera un reporte en 2 ó 3 años a pesar de haber atendido miles de pacientes. Pero esto no es un problema exclusivo de nuestro país.
En un boletín del Instituto Catalán de Farmacología, publicado en 1999, se señala que la mayoría de los efectos indeseables son cuadros que no se diferencian clínicamente de otras patologías, por otra parte en ocasiones el efecto adverso no se manifiesta de forma inmediata o incluso aparece cuando ya no se está administrando ningún medicamento.
A esto hay que añadir que una serie de enfermedades que habitualmente no son consideradas reacciones adversas pudieran estar favorecidas por el consumo de ciertos fármacos; aquí podemos citar la fractura de cadera, la osteoporósis, el asma bronquial, el cancer de mama, la insuficiencia cardiaca, la litiasis renal y la depresión por solo decir algunas.
En un metanálisis publicado en una JAMA de 1998 se plantea que las reacciones adversas a fármacos constituyen la cuarta causa de muerte en los Estados Unidos y, aunque este dato nos parece un tanto exagerado, es evidente que esto representa un problema serio cuyas dimensiones son poco valoradas por la mayoría de los médicos.
En Cuba existe un sistema de notificación espontánea de las sospechas de reacciones adversas y para ello se han entrenado licenciados en enfermería y médicos; sin embargo, en mi visita pude comprobar que no basta con la espontaneidad, son necesarios sistemas activos de búsqueda de reacciones adversas y quizás en esto puedan jugar un papel primordial los farmacoepidemiólogos y los Comités Farmaco-terapéuticos que existen en los hospitales, que son los encargados de regular la prescripción y trazar las políticas terapéuticas.
Sería interesante la aplicación de un sistema para la detección de reacciones adversas publicado en una revista de Medicina Clínica en 1988 que consiste en la revisión diaria de la lista de ingresos para escoger los diagnósticos susceptibles de ser reacciones adversas para la revisión de las historias clínicas y para entrevistar a los pacientes, los cuales serían seguidos hasta el alta para su evaluación y reporte en caso de concluirse como reacción adversa a fármacos.
Finalmente quería decirles que el medicamento debe formar parte del diagnóstico diferencial en la actividad diaria, que la anamnesis farmacológica es vital en la era actual con el advenimiento de un número impresionante de fármacos, no todos útiles ni necesarios, pero esto ya es tema de otro comentario.
Bibliografía
1. Institut Catalá de Farmacología. Butlletí Groc 1999;12(1):4-6
2. Lazarous j, Pomeranz BH, Corey PN. JAMA 1998;279: 1200-5
3. Armandans L, Carné X, Laporte JR. Detección de reacciones adversas a medicamentos a partir del diagnóstico del ingreso hospitalario. Método y resultados. Med Clin 1988;91:124-7
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