Autor:
Dr. Christian Leyva de la Torre
Profesor de Medicina Interna y farmacoepidemiólogo.
leyvachr@infomed.sld.cu
Este no es un tema nuevo, prestigiosas publicaciones se han referido al mismo anteriormente, sin embargo para nosotros por estos meses es un tema cotidiano. Nuestro país esta enfrascado en la renovación del cuadro básico de medicamentos en todos los niveles de atención. Globalmente contaremos con 809 fármacos, que serán divididos en las categorías de: vitales, esenciales, no esenciales y especiales.
Pero... ¿se hace este arduo trabajo solo por razones económicas? La respuesta es obvia, existe una fuerte motivación científica. En una carta anterior decía que no todos los medicamentos son útiles ni necesarios, algunos se venden sólo por el interés financiero del fabricante y otros porque son prescritos con frecuencia, a pesar de ser obsoletos, ya sea por la desactualización de los médicos o por la presión que ejercen los pacientes sobre estos.
Ponderemos un ejemplo clásico: ¿Cuantos inhibidores de la enzima convertidota de angiotensina son necesarios para brindar una atención óptima? Existen más de 10 variantes farmacológicas, algunos muy novedosas y muy caras. Yo me atrevería a decir que con 2 ó 3 variantes, incluyendo al captopril ( el más antiguo y barato) es posible resolver todas las situaciones clínicas que se nos presenten. Lo mismo sucede con los anticálcicos, los diuréticos tiazídicos, los betabloqueadores, las estatinas y otros.
Por otra parte, no siempre la última novedad del mercado es la más útil o segura. Así, tenemos la reciente suspensión de la cerivastatina por rabdomiolisis o de la cisaprida y la terfenadina por arritmias graves.
En un estudio publicado en la revista JAMA en el 2002 se demuestra que el 10,2% de los fármacos aprobados por la Food and Drugs Administration entre 1975 y 1999 producen efectos indeseables serios que no fueron detectados en los estudios anteriores a su aprobación (1). Es evidente que el tiempo adecuado de seguimiento y la heterogeneidad de la población son aspectos muy difíciles de alcanzar en los ensayos clínico previos al registro de los fármacos.
La presión de la industria farmacéutica para introducir nuevas moléculas y para influir en la decisión de los prescriptores a veces ni siquiera es percibida por los médicos, como lo demuestra un estudio de Fred Charatan al cual hace referencia una publicación de la BMJ en el año 2001 (2).
Finalmente, otro aspecto que favorece la existencia de un número alarmante de fármacos en el mercado es la presión que ejerce la población sobre los médicos prescriptores. En un estudio publicado este año en la BMJ se señala que los pacientes solicitan algún fármaco en el 12% de las consultas y en el 42% de los casos son productos que el consumidor conoció a través de campañas comerciales (3).
En la limitación del número de fármacos juegan un papel primordial los organismos reguladores regionales y la dirección de los sistemas de salud, sin embargo en última instancia somos nosotros, los médicos, los encargados de utilizar solo los fármacos necesarios teniendo en cuenta una cascada de selección que incluye aspectos de: eficacia, seguridad, conveniencia, costo y necesidad.
Bibliografía:
1. Lasser KE, Allen PD, Woolhandler SJ, Himmelstein DU, Wolfe SM, Bor DH. Timing of new black box warnings and withdrawals for prescription medications. JAMA 2002 1;287(17):2215-20
2. Charatan F. Doctors say they are not influenced by drug companies' promotions. BMJ 2001;322:1081
3. Mintzes B, Barer M, Kravitz R, Kazanjian A, Bassett K, Lexchin J, et al. Influence of direct to consumer pharmaceutical advertising and patients' requests on prescribing decisions: two site cross sectional survey. BMJ 2002;324:278-279
Atrás
Regresa a Indice-Back to Index topics
|